domingo, 5 de diciembre de 2010

Se acabó lo que se daba

7 de la mañana, noche cerrada. Último día y vamos a por todas. hoy parece que hace menos frío que ayer, pero el termometro del coche marca 6 grados. Según las previsiones, de haber algo, sería en la costa Oeste, pero primero nos dirijimos a las playas de Sagres para comprobar que es cierto. Las previsiones no se equivocan.
Ponemos rumbo a Amado. Al llegar vemos varias furgonetas, pero nadie en el agua. Nos decidimos a cambiarnos, y... joder que frio!! Nos ponemos los trajes y bajamos corriendo. Al pisar la arena la sensación de frío se multiplica. Esta helada. Las manos y los pies empiezan a moverse con cierta dificultad. Entramos al agua... y calor... el agua hace que desaparezca la sensación de frío, obviamente está más caliente. El mar está revuelto, las series vienen de todos los lados y después de casi una hora y un par de olas, decidimos que no merece la pena quedarse más tiempo. Salimos del agua, y otra vez esa horrible sensaciónde frío en los pies y las manos. Y mis botines, en el apartamento... aaaarrrggggg!!!!!!
De vueta a casa, Anthony recibe un sms comunicandole que ha aprovado el examen de auditor de cuentas. Los gritos de alegria y felicitaciones en el coche hacen que nos olvidemos del frio.
Volvemos a casa, y despues de un rato de relax al sol, vemos que hay un mercadillo a unos 200 m. de casa. Nos acercamos, y damos una vuelta.  La verdad, es que no hay nada que merezca la pena, salvo que te gusten los pantalones y camisas de franela... normal que los lugareños vayan vestidos como van.
Nos vamos a por la comida. Encargamos 2 pollos, un taper gigante de arroz y otro de patatas fritas. Total 10 euros. Hay veces que no merece la pena cocinar. Después, siesta y a esperar que baje un poco la marea.
A las 3 y algo nos vamos a Beliche, donde hay muy poco swell. De todas formas nos decidimos a entrar, aunque sea para despedirnos con sensación de remojo. Nos quedamos hasta la puesta de sol, y aunque no hay muchas olas, el rato ha merecido la pena. La puesta de sol se queda grabada en nuestras retinas. Quizás, la próxima vez que nos metamos al agua, sea el año que viene. Para Jan y Anthony, seguro que sí.
Después de una buena cena y a la cama.
9 horas después, y tras 1200 km, ya estoy otra vez en casa, pensando en la siguiente.

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