lunes, 8 de agosto de 2011

Del Bautizo en la Barre a la playa de Bidart

Como todos los viernes que las olas acompañan, salgo de trabajar ansioso por desquitarme de una semana dura de trabajo. Este viernes hay algo distinto, y es que Amaia tiene fiesta desde la tarde y podremos surfear sin necesidad de volver a casa.
Tenía previsto recoger la tabla que dejé la semana pasada arreglando en Guethary, pero al ser marea baja a las 3:30, íbamos a llegar demasiado justos de tiempo si nos entreteniamos en la tienda. Así que quedamos con Victor en Les Cavaliers para ver cómo estaba el tema. Las olas entraban muy limpias y con fuerza, y las series grandes pasaban del metro y medio. Era un día para disfrutar. Como el fin de semana pasado nos quedamos con ganas de probar La Barre, nos asomamos a ver qué tal entraban ahí las series.
Un poco menos de tamaño, y mucho más periodo, perfecto. Pero lo que la hacía más atractiva era que sólo había 3 surfistas, amén de una escuela que se dedicaba a molestar a todo el que estaba por ahí. No entiendo cómo les pueden meter ahí a aparender...
El caso es que nos metimos al agua Amaia, Víctor y yo, justo cuando de los 3 que había surfeando se salían 2... con un poco más de suerte, se van los de la escuela y nos quedamos solos... pero es verano, y esas cosas no pasan.
Había que esperar algo de tiempo entre serie y serie, pero cuando entraban daba gusto. No había problemas para cogerlas, y nos íbamos repartiendo las olas una tras otra. Amaia se desquitó con un par de buenas olas mucho más grandes de lo que ella acostumbra, y sólo con eso ya hizo la tarde. Víctor sigue cogiendole el punto a la Takayama scorpion, y se hizo un par de buenas bajadas. Por mi parte, me sirvió para practicar las izquierdas cortas y rápidas, y en algunas de ellas incluso me dejo darle mucha salida, con lo que la tarde fue espectacular.
La última ola fue el perfecto resumen de las olas de esta playa. Izquierda rápida, que me deja subir y bajar por la pared, y de la que me tengo que bajar jugandome el tipo en la orilla, para acabar rebozado como una croqueta. Esas orilleras!
Después, nos pasamos por Guetary a recoger la tabla por si estaba la tienda abierta, pero el atasco de Biarritz acabó con nuestras esperanzas.

Sábado, 7:30 de la mañana, suena el despertador. La furgo está hecha un auténtico desorden. Ahora sí que parece auténtica! Hemos quedado con Víctor en Hendaya, pero está plato, así que como la marea está subiendo y nos quedamos sin apenas opciones, nos vamos a Bidart.
Conseguimos aparcar, y Victor y Amaia se meten al agua. Yo decido esperar media hora mientras les saco algunas fotos. Para cuando me doy cuenta, ya casi no se puede surfear, puesto que la marea ha dejado sin rompiente las olas.
Toca desayunar tranquilamente y esperar que baje un poco.
Hacia las 11 de la mañana la playa se empieza a llenar de gente. Todos, jóvenes y mayores, aparecen con sus tablas. Es divertido ver cómo se mezclan los que saben con los que no, porque con tanta gente en el agua, puede pasar cualquier cosa.
Yo me lo tomo con tranquilidad. Mi experiencia me dice que a la 1 los franceses están comiendo, así que hasta las 12:30 ni me planteo entrar en el agua. Victor no ha podido esperar, y como se ha traído la raposa, puede coger las olas con más facilidad. Aún así, el problema sigue siendo la gente.
Al cabo de un rato, me voy al agua. Hay una zona en la que no hay tanta gente, y que se puede explotar. Le digo a Victor que ese es el sitio, y esperamos la serie. Olas de un metro con fuerza y salida. Sol y calor. Verano.
Ya en el sitio, empalmamos varias series seguidas de derechas largas, que nos dejan subir y bajarlas varias veces. Para la cuarta o quinta ola que pretendemos coger, ya estamos rodeados de gente. En cuanto te ven coger algo decente, todos al mismo sitio.
Me voy un poco más hacia la orilla, puesto que varias de mis intentonas han fracasado al topar con un inconsciente que no respeta nada ni nadie, y como ya tengo una tabla reparando...
Tras un buen rato disfrutando, me releva Amaia. Ya le va cogiendo el timing a la tabla, y disfrutando de olas cada vez mayores. Para cerrar la sesión, un buen ejemplo de su progreso.
Y así, entre progresos, sol, olas y mucha, mucha gente, fue avanzando el día hasta que una galerna de cuidado nos invitó a alejarnos de la playa.
Era el momento de recoger mi short. Cuando la ví, me quedé impresionado de la obra de arte que se puede hacer en la tabla. El tiki había quedado perfecto. Sólo una pega, el dueño de la tienda me ha dicho que no tengo muchos baños con ella; tiene agua dentro y si la sigo metiendo en el agua, le seguirá entrando más, por lo que estoy pensando seriamente en ponerla en el salón de casa...

En una semana me he quedado sin las 2 tablas de epoxy, porque la retrofish, no vale ni para decoración.
Tendré que ir mirando alguna cosilla por ahí...

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