domingo, 24 de junio de 2012

De tubos y desorden

Este fin de semana no sabíamos qué nos ibamos a encontrar. Las previsiones no eran del todo buenas, ya que el fuerte viento de los últimos días ha dejado el mar un poco revuelto. El viernes, viendo que en Hendaya no había nada, fuimos hacia Anglet. Era el único sitio que habíamos visto a través de la webcam que estaba más ordenado.
Quedé allí a las 6 con David y nada más llegar me dí cuenta que no ibamos a surfear. Que no haya gente en el agua un viernes a la tarde es mala señal. El mar entraba fuerte y un tanto desordenado, y las series grandes arrasaban con todo lo que había.
Tras esperar a que bajara un poco la marea y comprobar que no había posibilidad de surfear, decidimos movernos hacia Capbreton. A fin de cuentas, era allí donde habíamos quedado al día siguiente con Axier, Victor e Iker.
6:45 de la mañana. El sol se cuela por las rendijas de la furgo. Oigo ruido afuera y me asomo. David ya está con el neopreno puesto. Salgo de la furgo y nos acercamos al agua a ver qué tal está. Tres personas en el agua y más de 10 mirando. Está más ordenado que ayer, pero el tamaño que se supone que iba a bajar sigue igual. Entran series tuberas de más de 2 metros, algunas de ellas con salida. David está ansioso por meterse al agua, y yo decido quedarme fuera desayunando y haciendo fotos. Todas las veces que me he metido al agua sin desayunar fuerte he durado media hora. Lo mejor es reponer fuerzas y estar a tope para cuando lleguen los demás.

El parking de Oceanides estaba casi completo a las 8 de la mañana. Do dejaba de venir gente, y todos a surfear. En breve, la playa está repleta de gente.
Mientras me deleito sacando fotos a más de uno haciendo tubos, otros salen con la tabla partida en dos. La cosa no está para bromas hoy. David, mientras tanto, le saca buen partido a unas cuantas olas y disfruta del primer rato.

Conforme baja la marea, las olas se vuelven más orilleras y cerronas, y la entrada se hace cada vez más dificil. David, aprovechando que llevaba un rato intentando remontar sin suerte, decide darse un respiro y esperamos a que lleguen los demás.
Poco después de las 9 aparecen Victor, Iker, Axier y su hermano Gorka. Tras dudar si saltamos en Capbreton o vamos a otro sitio, decidimos quedarnos en Capbreton.
Nos encontramos en el parking con un par de amigos de Axier, que también deciden meterse al agua con nosotros. Somos 7, por lo que necesitaremos espacio para todos.
Ya en el agua, las coas se ven más complicadas que desde fuera. Las olas cierran más rápidas y con menos salida, y las opciones de surfear algo con recorrido son pocas.

Iker va con todo y hace unas buenas bajadas, con su correspondiente batacazo final, ya que no hay opción a más. Tras un buen rato en el agua, varios sustos y unos cuantos batacazos, decidimos poner fin al baño. No hay opción para más. Desde fuera se ve incluso mejor, y apenas hay gente cogiendo olas. Otra cosa son los que están en el agua y los que intentan coger algo, que son muchos pero sin suerte.
Tras departir un rato alegremente en la playa, decidimos ir a chequear Seignosse. Puede que esté mejor y que no sea tan orillero como aquí.
Así, que tras un rato, decidimos parar en un punto entre la Graviere y Les Estagnots. No había muchas opciones, ya que más al norte se veía el mar más revuelto.
Tras comprobar que la corriente es mucho más fuerte en estas playas, buscamos algún  punto intermedio donde poder coger alguna ola con salida. El mar estaba muy poco uniforme y no había un punto claro donde colocarse. Poco a poco las olas se parecían más a las de Oceanides, cerrando en bloque y dejando pocas opciones. Aún así, Axier saco alguna buena ola, y yo me hice alguna bajada, pero todos acabamos rebozados de arena.

Poco a poco fuimos saliendo del agua. Hay días en que uno tiene que resignarse y esperar a que las condiciones mejoren. Cuando esto pasa en fin de semana y con varios días por delante sin poder surfear, es más dificiel de llevar, pero tarde o temprano, tendremos un día de esos de los que volvemos a recordar. De momento, sólo nos queda esperar.

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