lunes, 4 de junio de 2012

Mayo en Oceanides

Durante el pasado mes de mayo hemos estado surfeando una de las playas de Capbreton: Oceanides.
Fue Axier el que nos habló de ella, y vistas las previsiones de uno de los días, con menos de un metro de ola y un periodo no muy alto, nos decidimos por probar. Tras quedar con Victor en Bidart, y tras dar más de una vuelta buscando los accesos a la playa, dimos con el sitio: Un parking de autocaravanas y coches con buenos accesos y servicios. A nuestros pies, una de las interminables playas de Capbreton, que da su comienzo en "La piste" y finaliza más allá de donde la vista alcanza.
Así pues, Victor, Axier y yo comprobamos cómo con poco menos de un metro de ola en previsiones, se puede disfrutar de un día muy completo de surf. Las olas llegaban en su mayores series al metro y medio, y tenían salida y maniobrabilidad a izquierda y derecha. Todo un lujo durante 2 horas en las que este sitio se convirtió para siempre en uno de nuestros favoritos.

Al viernes siguiente, y tras haber hablado maravillas durante la semana, ya éramos 6 en el agua. Axier, Victor, David, Iker, un amigo de Iker y yo. Esta vez el tamaño era mayor, y el mar estaba mucho más revuelto, y debido al movimiento de los fondos, las olas rompían más a bloque y con menos salida.
Esta es una playa en la que el fondo se reduce rápidamente conforme se acerca a la orilla, lo que hace que se formen olas tuberas y rápidas. Dependiendo del movimiento de los fondos de arena, abren más o menos, pero siempre dan lugar a practicar con olas muy rápidas.
Aunque no fue un día muy prolífico en olas, sí lo fue en cuanto a entrenamiento en olas verticales y rápidas. David disfrutó como hacía tiempo, y eso, que no era el día perfecto...
El viernes siguiente, Axier, David y yo repetimos. A nosotros se nos unió Raul, compañero de trabajo y una máquina dentro del agua.

El mar estaba precioso. Las series de olas venían marcadas desde la lejanía, y al llegar a la rompiente nos dejaban unos tubos huecos y rápidos. No ofrecían mucha salida, pero era el día para intentarlo.
Tras seguir los consejos de Raul, y ver cómo entubaba varias veces con una clase increíble, nos decidimos a ir a por los tubos.
Fueron varias las olas en las que estuvimos ahí, ahí dentro donde el espacio y el tiempo se detienen, donde el cerebro procesa esa imagen que nunca había visto en vivo pero tantas veces en foto o video, donde la caverna de agua verde se cierra sobre ti y sobre lo que debía de ser la salida de la ola...alimentado por la adrenalina que se genera en esos momentos ya no hay vuelta atrás, quieres otra, más larga, más hueca, más rápida... si antes estábamos enfermos por el mar, ya no hay vuelta atrás.

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