viernes, 12 de octubre de 2012

Primera visita a Bali, pero no la última.

Tras varias semanas de ruta por China, por fin aterrizamos en Bali.
Desde el primer momento se puede palpar el ambiente surfero en el aeropuerto, bien por la cantidad de gente (australianos en su gran mayoría) con tablas como equipaje, como por los carteles de bienvenida a la isla y la publicidad de escuelas de surf, tiendas y demás.
 
 
Aunque iba con la idea de surfear un par de días contratando el servicio de un guía, los dioses balineses me recibieron con unas condiciones esquisitas en el área de Seminyak. Así que el primer día, tras alquilar una hamaca y mirar al mar durante pocos segundos, no me lo pensé y fui buscando una tabla que se ajustara a mis pretensiones y condiciones del mar, para alquilar en los numerosos puestos que hay a lo largo de la playa.
Por 50.000 rupias (poco más de 4 euros) disfrutabas toda una mañana de la tabla, así que fui probando varias tablas, desde una 6,2 con volumen, pasando por 6,6 con mucho rocker para el día más heavy, una bear smart arse wombat muy facil de surfear o una surftech de casi 8 pies para el día más flojito.
 
En el área de Seminyak se puede surfear tranquilamente, y me sorprendió gratamente la poca cantidad de gente que había. Aunque es un beach break, los picos estaban perfectamente definidos en marea alta y baja, y las olas eran largas y con mucha maniobrabilidad, por lo que el disfrute fué máximo.
Uno de los días, Amaia y yo fuimos andando por la playa hasta Kuta, y conforme más nos acercabamos al epicentro de la vida en Bali, más repleta estaba la playa y el mar de gente. Las escuelas invadían mucho del especio, y gran cantida de surfistas se apelotonaban en los picos. Surfear en Seminyak fue una buena opción.
Me llamó especialmente la atención el nivel de los balineses, que surfeaban divinamente.
 
 
Uno de los días, fuimos testigos de uno de esos episodios que te estremecen al verlo, pero que valoras y admiras. Junto a nosotros se instaló una matrimonio australiano con 2 hijos, a uno de los cuales la faltaba una pierna y llevaba una prótesis. En seguida me vino a la mente la película Soul Surfer. Nos preguntamos si la falta de la pierna habrá sido por una mordedura de tiburón. El caso es que el padre cogió su SUP, la madre el bodyboard, y los hijos las tablas. Todos juntos al agua. No pude evitar dejar de seguirlos mientras estaba en el agua, y comprobar que el chaval surfeaba correctamente y disfrutaba como uno más. A veces, nos quejamos de muchas cosas y no valoramos ni disfrutamos lo que tenemos.
Pero ir a Bali para un surfero y no visitar algunos de los "templos" del surf, es casi pecado, así que pese a que no iba a poder surfear, decimos pasarnos por padang-padang y Uluwatu (blue point para los balineses).
 

 
Padang es una playa muy pequeña, con mucho turista y los accesos son difíciles, aunque preciosos. En el rato que estuvimos, únicamente entro una serie con un poco de tamaño, y se llevó por delante a todos los que estaban por ahí, principiantes en su mayoría. Realmente, no entiendo que hacían muchos de ellos ahí.
 
 
A escasos minutos en coche está Blue Point. Ahí está el Bali que había visto multitud de veces en las revistas. Barras perfectas que llegaban sin parar, constantes pero con espacio entre ola y ola, de metro y medio pasado o dos metros y largas, enormemente largas. Aunque había muchas personas en el agua, la calidad de las olas y su frecuencia permitían a todo el mundo disfrutar sin parar.
Yo me conformaba con ver el espectáculo desde uno de los múltiples bares con balcón que asoman al acantilado, tomandome una bintang bien fría y diciendo para mis adentros... volveré!! Sama-sama.
 

 

1 comentario:

Jan dijo...

nice one, los novivos! it sounds like you'll be soon back to bali :-) so we plan... bali, done!