domingo, 18 de noviembre de 2012

Los viernes al sol

Las condiciones para este viernes volvían a ser increiblemente buenas. Periodo de 14 segundos, olas de metro y medio, viento sur y mucho sol. Con semejeantes perspectivas el día anterior decidí que lo mejor era aprovechar uno de mis días de vacaciones pendientes en surfear. Así que quedé el viernes a primera hora con David, que estaba desde el jueves por allá.
Tras analizar las condiciones, decidimos que era un buen día para ir a uno de esos sitios conocidos por unos pocos... un secret spot. Un día laborable con buenas condiciones encajaba en nuestro planes.
Tras un tiempo indeterminado en camino, nos cambiamos y emprendimos la marcha hacia nuestro destino.



Pudimos disfrutar de un bonito paisaje por mitad de la vegetación, hasta llegar al pico. Allí, 5 personas más disfrutaban de la sesion. Parece que no habíamos sido los únicos en pensar lo mismo.
Ya en el agua, las series más grandes pasaban del metro y medio, y las derechas largas y maniobrables hacían las delicias de todos los que estábamos allí. Aunque nos costó un poco hacernos a la manera de romper de la ola, a partir de la media hora fue un recital.
Tanto David como yo le sacamos buen partido a la sesión, si bien, terminamos con la sensación de haber desperdiciado una buena ocasión para poder inflarnos a coger olas. Esta vez primó la calidad sobre la cantidad, pero en mi caso, me fui satisfecho con la sesión.

 
Además, disfrutar de semejante día a mediados de noviembre es un lujo al que tenemos que sacar partido, puesto que en breve llegará el crudo invierno y serán muy pocos los días buenos.
Después, David ejerció de gran anfitrión con una barbacoa en la que repusimos fuerzas, y tras un rato descansando al sol, preparando las tablas y cortando la hierba, fuimos a Hendaia donde habíamos quedado con Axier.
En Hendaia el mar tenía mucha menos fuerza, y la serie más grande no llegaría al metro de altura. Aún así, mucha gente en el agua sin dejar pasar la oportunidad de disfrutar de un día así.
 
Axier, David y yo nos lo tomamos con calma, y poco a poco nos fuimos haciendo hueco, para acabar casi a oscuras cogiendo varias derechas. Aunque la mayoría de ellas no eran lo suficientemente largas y maniobrables, y menos en comparación con las de la mañana, algunas de ellas sí que nos permitieron hacer nuestras pruebas y entrenar, con lo que la sesión acabó siendo muy divertida. Estos son los días que uno nunca quiere que se acaben, que sabes que recordarás conforme el invierno se echa encima y cuyos recuerdos sirven para sobrellevar esas jornadas frías y lluviosas que no queremos que lleguen... pero que están al caer.
 

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