lunes, 17 de marzo de 2014

Nuevos spots cargados de iones

Es viernes y las previsiones no llegan al metro de altura por primera vez en mucho tiempo. Ha llegado el momento de volver a las Landas después de un invierno entre Hendaya y Zarautz.
Durante los últimos días han sido muchos, muchísimos, demasiados los mensajes que nos hemos intercambiado decidiendo dónde estaba la mejor opción para surfear el viernes, ya que el sábado la cosa no pintaba bien, y probablemente sería el único baño del fin de semana.
Así que a las 3 de la tarde, nos juntábamos en furgokaravaning Ibán, Miguel, Axier y yo dispuestos a darlo todo. Víctor se uniría desde Francia más tarde.


 Por el camino, seguimos mirando las webcam, las previsiones y hablando con quien estuviera esa mañana surfeando para decidirnos sobre la mejor opción. Al final nos decidimos por Oceanides.
Justo al llegar a la frontera, nos adelantó Raul con el coche y quedamos con el allí, pero al llegar y ver las condiciones, vimos que no era una buena opción. Los fondos se habían movido mucho tras los últimos temporales y en marea alta no había nada decente. Había que buscar otra opción.
Avisamos a Raúl y a Victor, y decidimos ir más al sur, ya que Axier le habían comentado que a la mañana había habido un buen baño allí. No nos lo pensamos, y aparecimos en Ondres tras un rato por carreteras desconocidas.


Al llegar a la playa, vimos como los últimos temporales habían dejado huella también por allí, con restaurantes con media terraza sobre el acantilado y vallas por todos los lados para evitar males mayores. Pero el mar... el mar estaba igual de Mal que en Capbreton... salvo un pico. Había un único sitio donde salían unas derechas preciosas, con muy buena pinta y que en el momento que empezamos a observarlas tenía a 4 personas surfeando, pero que diez minutos después Ya no tenía a nadie... era nuestro momento.


Nos fuimos al agua ansiosos, en busca de nuestra dosis de iones, de adrenalina, de salitre.  Y no tardamos en conseguirla. Las series tardaban en llegar, pero cuando llegaban, nos dejaban olas de metro pasado que levantaban rápidamente y que nos proporcionaron unas bajadas realmente buenas y siempre con salida. Estábamos solos en el agua, y esa tranquilidad nos proporcionó mucha confianza a la hora de lanzarnos a por todas. Una tras otra, cada serie nos proporcionaba mayor carga de iones, mayor dependencia de esta droga que nos atrapa todos los fines de semana. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto en un baño, tanto por las olas como por el ambiente que teníamos en el pico, ya que a ultima hora aparecieron Felces y Preciero para hacernos disfrutar de la bonita puesta de sol.
En la última ola, mi gemelo dijo que ya era hora de acabar el baño, y se me contracturó haciéndome pasar un momento complicado en el agua, hasta que Ibán vino donde me encontraba y me consiguió estirar lo suficiente para salir del agua sin problemas.

Después, más risas mientras nos cambiábamos y vuelta a casa con los iones cargados hasta la próxima semana. Larga vida al surfing.

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