martes, 1 de abril de 2014

Los secanos llegan a Mundaka

Los últimos días han sido muy intensos. El miércoles recibí un mensaje de Ibán con una propuesta muy apetente: Ir el viernes a Mundaka y surfear allá la tarde del viernes y el sábado a la mañana. La verdad que el plan era muy bueno, y dado que nunca había surfeado esa ola y la fama que tiene, no podía dejar pasar la oportunidad.
Axier pensó lo mismo que yo, y marcharíamos los 3 desde Pamplona, uniéndose Victor desde Zarautz, aunque sin pasar noche allá. 
Las previsiones no estaban del todo con nosotros, pero cruzamos los dedos para que al final las cosas salieran como habíamos planeado. 


El caso es que el viernes a las 3 y media partíamos en la autocaravana de Ibán, y la inquietud nos acompaño durante todo el camino. Eso no fue obstáculo para disfrutar durante el viaje hablando de mil y una historias, y de lo que nos íbamos a encontrar... o no.
Al llegar a Mundaka, la marea estaba todavía alta y decidimos tomárnoslo con calma, aprovechando que los días han alargado. Poco a poco fuimos acercándonos al pico, y observamos el mar durante un rato. 

La serie tardaba en llegar, y no había nada de viento. Las olas se marcaban bien, en torno al metro. Parecía que la ola quería romper, pero no lo hacía del todo... después rompió una... y luego vino una serie que rompió perfecta... en ese momento a todos nos entró un nerviosismo tremendo y no nos lo pensamos. Era hoy. 
Nos cambiamos a todo correr, y fuimos al trote al agua. Para cuando nos asomamos ya había 5 personas dentro. No importaba. Go pro en la tabla, Virginia fuera con otra cámara... todo listo.
Tras una larga remada llegamos al pico. Me lo iba a tomar con calma. Han sido muchos vídeos los que he visto y quería disfrutar del momento, ver la ola en directo. Llegó la serie, con un metro aproximadamente, y era perfecta... pared y más pared... una maravilla. 


No pasan ni cinco minutos y decido que es el momento. Dejo pasar la primera y van varios a por ella, la segunda viene más atrás y estoy perfectamente colocado... ahí voy... es mía! la ola se encarga de hacerlo prácticamente todo, me lleva con facilidad y hay pared por delante. Arriba, abajo... no sé cuantos metros he estado encima de la ola, pero tengo que remar mucho para volver al pico. Ibán ya sabe de que hablo porque ha cogido una de la serie anterior. Axier y Víctor esperan su turno.
Las condiciones van mejorando a medida que avanzan los minutos, y hay olas para todos. Poco a poco me siento más cómodo y disfruto cada vez más de las olas, a cada cual más larga. Axier y Victor se van quitando la espina. 


Las luz se vuelve más tenue y si el sábado las condiciones van a ser parecidas, voy a optar por acabar, eso sí, con una buena ola... con la mejor ola de la tarde. Una pena que ninguna de ellas se grabara en la go pro, ya que entró agua en la carcasa y dejó de grabar a las primeras de cambio. 
Ibán y Victor salen de noche del agua... buena señal.
Sábado, seis de la mañana, tras un gran desayuno en la autocaravana, ya estamos listos para entrar al agua con las primeras luces del día. Hace mucho más viento que el viernes, pero tiene buena dirección. 

Nos acercamos al puerto, por donde vamos a entrar, y se ven las olas romper a lo lejos. El tamaño ha subido bastante. Va a estar potente. Axier y yo nos miramos como diciendo que ya que hemos llegado hasta aquí, no nos podemos echar hacia atrás. Ibán no se lo piensa. Nosotros tras él. 
Estamos solos en el pico, y en seguida se unen 2 o 3 surfistas más. La serie llega cerca de los 2 metros y el viento es potente y completamente off-shore.

Ibán está cómodo desde el principio y no desaprovechara oportunidad. Yo pierdo un par de olas por el spray del off-shore que me deja ciego al remar. La siguiente no la pienso dejar escapar. 
Mientras tanto veo cómo los que están en el agua tubean y hacen una bajadas increíbles. Mundaka en todo su esplendor. Sólo ver este espectáculo desde tan cerca ya ha merecido la pena. 
Al final, me decido a por una y esta vez sí, la bajo sin problema y estoy en la pared. Mucho más rápida que el día anterior, pero la sensación es indescriptible. Llega un momento en que la ola se pone muy vertical y se enrosca... y yo en ella... y me traga. Da lo mismo, ha merecido la pena. Mucho. 
Veo cómo Axier se coge otra y nos quedamos muy abajo. Ninguno de los dos estamos cómodos en el agua, así que optamos por la retirada. 
El viernes fue el disfrute total, y el sábado un desafío. De vuelta a casa comentaba con Axier, que hace unos pocos meses, ni me planteaba entrar en Mundaka a surfear. Hoy, hemos cumplido un sueño, y lo mejor de todo, es que lo volveremos a tener, si cabe más bonito.