domingo, 6 de julio de 2014

El plato del verano ya pasó, por fin hay olas

Un mes, un mes entero sin surfear. Dentro de ese mes, sólo ha habido olas decentes un día, pero por motivos logísticos, no pude surfear. Poco a poco vamos acomodando la logística de ser un miembro más en la familia a nuestras escapadas al mar, pero la primera prueba sirvió para comprobar los cambios de la nueva vida.
El caso es que el sábado por fin había un parte de olas decente, con olas de metro, metro y poco, viento offshore y periodo de 10 segundos. Aunque hubo gente que se fue cayendo de la convocatoria conforme avanzaba la semana, al final Iker y yo no desistimos.
El bueno de Iker llevaba 3 meses y medio sin surfear debido a la rotura de un hueso del pie, y los dos estábamos ansiosos por volver al agua. Íbamos repletos de ganas y expectativas.
Tampoco salió la clase con SurfTeknika por falta de gente, pero tras hablar con Jaime, montamos una expedición para estar el sábado por la mañana pronto en el agua.
Iker y yo quedamos a las 5:30 en Furgokaravaning, aunque la salida real fue más tarde al tener que dar media vuelta unos pocos km después de salir, al dudar Iker si había subido las ventanillas... es lo que tiene ir tan pronto.

A las 6:15 habíamos quedado con Jaime en la frontera, y de ahí pusimos rumbo a las Landas. Tras comentar las posibilidades de camino, decidimos que la mejor opción era probar por la zona de Vieux-Boucau. Yo todavía no había estado por esa zona, así que la idea me pareció genial. Siempre es bueno conocer sitios nuevos.
Tras un ameno viaje hablando de surf y recientes paternidades (los tres estamos en una situación parecida), llegamos a la playa de Vieux-Boucau. Había varios picos y el tamaño rondaba el metro, con tiempo entre serie y serie. Mirando hacia el norte, vimos que había más posibilidades, y como teníamos tiempo decidimos ir a mirar a Messanges.
En Messanges había varios picos muy definidos, con buena calidad de olas y, esos sí, bastante gente. Es lo que tiene el verano y el llevar varias semanas con el mar plato.


Nos pusimos nuestros trajes de verano, y al agua. En estas semanas, la temperatura del agua ha subido mucho, y dentro del agua se está mejor que en cualquier otro sitio. Y si hay olas, mejor.
Ya en el pico, donde estaríamos unas 25 personas, buscamos poco a poco nuestro sitio no sin dificultad. Siempre hay un par de elementos que reman todo lo que llega y generan un poco de tensión en el pico. Aún así, no desesperamos y poco a poco fuimos haciéndonos un hueco. Las olas eran fáciles de coger y con mucha salida, maniobrables y divertidas.
El tiempo iba pasando e íbamos sumando sensaciones positivas tras tanto tiempo fuera del agua. Lo mejor del día fue ir sin grandes expectativas, sólo con la esperanza de reencontrarnos con nuestro surfing, disfrutar de las olas y pasar un buen rato. Ya habrá tiempo para probar maniobras nuevas e intentar nuevos desafíos.
Tras 2 horas y media en el agua, pusimos fin a la sesión. Iker y yo ya no podíamos más. Mucho tiempo de inactividad, pero muy buen feeling. Vuelta a casa con el deber cumplido, y con un chute de buena energía hasta la siguiente sesión.

Esa siguiente sesión estaba prevista para el viernes, ya que una borrasca nos iba a dar un fin de semana entretenido de olas. Digo estaba previsto porque por motivos de trabajo no pude ir. Aun así, el viernes tenía un plato fuerte. Javi Blasco nos invitaba a una barbacoa en su casa a los secanos.
Asistimos Ivan, rebeca, Miguel, Mayra, Javi, Patri y yo. Unos por estar ya de viaje y otros por compromisos, no pudieron disfrutar de semejante homenaje.
Estuvimos de lujo, con unos anfitriones ejemplares y muy buena comida. Esos chipirones a la brasa tenemos que repetirlos!! Al final, goshua dedicada a los secanos y muy agradable sobremesa.


 El sábado las condiciones eran muy buenas. 1,5 metros, periodo 10 y ausencia de viento. Iban y Victor fueron al amanecer a las Landas, y yo me uniría más tarde con la familia. Al llegar al parking de Oceanides, ya me esperaba una gran cantidad de gente en el agua, pero al asomarme me quedé helado... nunca había visto tanta gente en esa playa. Habría más de 200 personas a lo largo de la playa, con bodys y tablas a partes iguales.
Me metí al agua y poco a poco fui buscando mi sitio. El mar estaba precioso, eso sí, pero le sobraban unas 200 personas...  afortunadamente la series eran constantes y tarde o temprano llegaría mi oportunidad. Había 2 picos muy definidos, y el resto de opciones no daban juego. Tras una hora en el agua el balance era de 4 olas, alguna de ellas muy divertida, en las que por lo menos tuve la suerte de no tener que salirme para esquivar a nadie. Ya tendría tiempo al día siguiente de desquitarme.
Al salir del agua, Ibán ya había vuelto de dar clase, y estuvimos Rebeca, Amaia, Ibán y yo charlando un rato muy a gusto.


El domingo quedé con Iván a las 5 para salir de Pamplona. A las 6:30 habíamos quedado con Víctor en Anglet. El mar subía un poco respecto a la mañana anterior, y probablemente las Landas estarían muy duras de condiciones.
Al llegar a Les Cavaliers, comprobamos que no nos habíamos equivocado. El mar estaba más desordenado que el día anterior, y desapacible, sin picos definidos. Probamos en Sables d' Or, pero nos encontramos la misma situación, así que optamos por la Cote Basque, que está más resguardado y habría opciones de que estuviera más ordenado.
Así fue, y en la Cote había un par de picos definidos y con olas de metro pasado y algunas series por encima. No nos lo pensamos, y nos metimos al agua, donde estuvimos solos la primera hora.


Con la marea baja empezando a subir, las derechas salían muy largas, y disfrutamos mucho de varias olas. Un día perfecto para practicar maniobras. La primera hora fue divertidísima, ya que todos cogimos las mejores olas.
Poco a poco, el viento fue cambiando y la marea subiendo, lo que cambió las condiciones y los picos del principio desaparecieron. Estuvimos un rato grande más en el agua, pero no fue lo mismo que al principio. Aún así, aun cogimos algo decente.
Tras 2 horas en el agua,  dimos por finalizada la sesión. Había merecido la pena madrugar, una vez más.