lunes, 4 de agosto de 2014

un oasis en un verano sin olas

Jueves por la tarde, Iker, Plas y yo hemos dado por bueno un parte mediocre de olas y nos hemos decidido a ir a Zarautz. El viento amenazante del oeste lo podía truncar todo, pero Zarautz aguanta bien el viento del oeste. EL resto, previsiones de un metro y poca fuerza... a ver qué tal.
Hacía muchos días que no surfeabamos, y el mar no nos había dado ninguna oportunidad en este tiempo. Era nuestro momento.
Llegamos y nos encontramos poca gente en el agua, no más de 10 en uno de los picos de la ría. El viento era fuerte y las olas no se hacían espera mucho, pero no llegaban al medio metro.



Al poco de entrar, el viento roló ligeramente a sur, lo que peinó el mar dejando las olas limpias, cristalinas y hasta parecía que con más fuerza. Nos colocamos a la perfección en un pico donde no quedamos más de 5 personas y ahí empezó lo que ese día llamábamos un no parar... una tras otra, el pico nos permitía salir a derechas e izquierdas, y todas las olas permitían un par de maniobras... nos cruzábamos las miradas y no nos lo podíamos creer, nos habíamos encontrado un regalo veraniego. No dejamos tiempo para mantener una conversación en el agua más allá del "¿que tal esa?", porque enseguida llegaba otra serie y no la dejábamos pasar...
Después de una hora larga, el viento volvió a cambiar y ya no era lo mismo, por lo que decidimos abandonar y disfrutar del buen rato pasado...


A la semana siguiente, también en jueves, la previsiones eran de un metro con viento sur y periodo bueno, así que Iker, Axier y yo organizamos una expedición temprano por la mañana a las Landas.
Como íbamos con tiempo, decidimos subir hasta Messanges, que está a 2 horas pasadas de casa...
Por el camino, Axier nos puso al día de su viaje por Indo, y nos dejó con muchas ganas de organizar un trip por esas tierras.
Al llegar a Messanges, la marea estaba todavía alta, pero las líneas se adivinaban con facilidad, con lo que en cuanto bajara la marea, el baño estaba asegurado. Como no teníamos muchas ganas de esperar, decidimos cambiarnos y esperar en el agua, sin prisa pero sin pausa.
La primera hora fue de calentamiento, y poco a poco la cosa se fue animando.
Conforme avanzaba la mañana, la serie venía más nítida y potente, y cada vez nos situábamos mejor para aprovecharla.


Con el paso del tiempo, fuimos colmando nuestras expectativas, y saciando nuestro hambre de olas, cogiendo algunas buenas de ellas. Tras tres horas en el agua, nuestros brazos y hombros dijeron basta, muy a nuestro pesar, puesto que el mar se había quedado de lujo. Como nos habíamos comprometido a volver a casa a comer, teníamos que volver, pero el día estaba para haber hecho un pequeño patón y volver al agua a echar el resto. Otra vez será.
Por lo menos, el baño sirvió para darle un poco de alegría al verano que llevamos sin olas. Esperemos que mejore en las próxima semanas.


Por cierto, lo que os he contado de Zarautz un poco más arriba era todo mentira... fue un baño de mierda, con el mar súper picado y vientos de 40 nudos laterales....solo faltó que nos hubieran robado... pero soñar es gratis.

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