domingo, 26 de octubre de 2014

Bidart, Biarritz, Zarautz, Mutriku... que no paren las olas!

Estan siendo unas semanas de olas buenas, con swells continuos que riegan nuestras costas de buenas olas. La semana pasada, aprovechando que el verano tampoco se quiere alejar de nosotros tuvimos un par de sesiones con buenas olas en la costa francesa.
El sábado Axier y yo retomamos las clases con Surf Teknika. Habíamos quedado en Zarautz, pero siendo marea baja y la dirección de swell no muy buena, las condiciones para surfear no eran las mejores, así que nos movimos hacia Bidart.

Al llegar a Bidart, nos encontramos con buenas condiciones, olas que abrían y largas, con metro y medio la serie y potente. Eso sí, había mucha, mucha gente... es lo que tienen estos primeros swells del otoño, que el frío todavía no ha espantado a muchos de ellos.
En el agua, fueron pocas las olas que cogimos, pero un par de ellas me dejaron con muy buen sabor de boca. Largas y permitiendo maniobras, con buen recorrido. Eso sí, tras una de ellas, estuve más de 15 minutos intentando llegar otra vez al pico, lo que me dejó exhausto durante un buen rato.


El domingo, volvimos a subir, esta vez con la familia, y aproveché para darme un baño rápido en la Cote Basque. Allí había quedado con Víctor y David, pero no nos vimos. Aún así, el baño no tuvo nada de especial, puesto que la dirección de las olas era demasiado perpendicular a la costa y no tenían salida casi ninguna de ellas.


Esta semana ha sido más provechosa, puesto que hemos tenido muy buenas condiciones y hemos podido disfrutar de lo lindo.
El viernes fui a Zarautz con Axier, viendo que sólo podíamos surfear en marea alta y teniendo en cuenta que no queríamos hacer muchos kilometros. La decisión fue acertada, porque cuando llegamos  nos encontramos un panorama muy parecido al de Trestles, en Californa. Olas fáciles de coger, de 3/4 de metro y todas con salida. Había que esperar a la serie, pero merecía la pena. 


2 Horas en el agua y multitud de olas... unas mejores que otras, pero todas con algo que aprovechar. Fue una tarde de esas en las que se está muy a gusto en el agua y en las que uno se vuelve a casa reafirmandose en lo bonito que es este deporte y lo mucho que merece la pena. 
El sábado a última hora me decidí a hacer un baño el domingo, y aprovechando que Victor ya estaba por allí, Javi y Patricia venían desde Irún, y que Iván también quería surfear, hicimos una expedición por la costa. A las 6 de la mañana quedé con Iván, y en la autopista con Victor, Javi y Patri.
El mar subía para el domingo a 2 metros, y Zarautz estaría probablemente desfasado, por lo que habría que buscar alternativas. Tras mirar varios sitios, acabamos en Mutriku, donde nunca había surfeado antes, pero en el que Iván sí tenía experiencia. Eso sí, la última vez que estuvo allí, tuvo un susto muy grande del que casi no sale, y había que ir con cuidado.


Una vez comprobamos que las condiciones sí que eran adecuadas para nuestro nivel, nos decidimos a entrar, y fue una decisión más que acertada. 
Nada más entrar comprobé cómo se las gastan las rocas, ya que al hacer un pato bajé más de la cuenta y toqué roca con la tabla... crucé los dedos para que no fuera mucho, y para adentro... ya tendría tiempo de arreglar la tabla.
Una vez en el pico, los primeros minutos me dediqué a observar la dinámica de la ola, cómo venía y de qué forma rompía. Javi, que se había quedado fuera viendo la situación, se animó finalmente a entrar y al minuto ya se había pillado una de las olas del día... que alegría ver su cara de felicidad remontando!







Victor se quedó al fondo, viendo la situación en zona segura, e Iván y yo intentando cazar alguna de las que venían. 
Poco a poco, las olas se sucedían una tras otra, todas ellas largas, a veces con un take off exigente y otras no tanto, pero muy nobles. Todos disfrutamos de lo lindo, y tras casi 2 horas en el agua, se hacía cada vez más duro llegar al pico. Es el precio que hay que pagar por surfear una ola larga, pero siempre merece la pena.


Así que la última conversación en el agua entre Iván y yo fue la típica de "una y me salgo", pero los dos pensamos que era una larga, de las buenas, de las que te dejan con un a sonrisa en la boca, y me salgo... y así fue.
Vuelta a casa hablando de lo que pudo ser y no fue, de lo a gusto que habíamos surfeado, y de lo bonito que es esto... pura vida!

domingo, 5 de octubre de 2014

Olas increíbes en sitios increíbles

Es viernes, la semana ha pasado muy rápido y ni siquiera he tenido tiempo de mirar los partes... Mi único contacto con el mundo del surf ha sido por el incesante grupo de whatsapp, que ha veces funciona mejor que cualquier revista y web a la vez. Yo por si acaso, echo las tablas a la furgo, luego ya veremos que pasa. Ni siquiera me ha dado tiempo a prepararme la comida, por lo que tengo que improvisar en el trabajo caso de animarme a ir. Los primeros maratones del otoño parece que ya están aquí, y hay que aprovecharlos. A final de mañana el chat se empieza a calentar, y las previsiones de más de 2 metros y buen viento, no hacen más que convencerme de que hoy es el día. Si después surge algo más, ya veremos.


Iker y yo estábamos decididos a ir, y a última hora recibí el mensaje de Eder preguntándome por los planes. Al final, los 3 en busca de olas. El Plas, David e Ibán vendrían detrás, a más de una hora.
Por el camino, decidimos ir a un lugar perdido de la costa, de dificil acceso de cuyo nombre no puedo acordarme... 


Tras aparcar y coger nuestras cosas, bajamos unos senderos preciosos hasta llegar al lugar donde nos cambiamos, y desde allí, una pequeña odisea para entrar al agua. El caso es que cuando nos asomamos y vimos el mar, sus líneas perfectas peinando la costa, y esas olas que ya desde arriba parecían bastante potentes, nos entró un hormigueo mezcla de respeto y ganas de estar ya en el agua.
Tras cambiarnos, incluidos los escarpines para salvar una bajada con piedras muy peligrosa, y una entrada y salida llena de lastra en el agua, toca una buena remada hasta llegar al pico. Por momentos, parecía que estuviéramos en Fuerteventura, por las condiciones de calor y roca a nuestro alrededor.
El bueno de Eder, que fue el que nos avisó de coger los escarpines, tuvo el despiste de olvidarse los escarpines en la furgo, con lo que le costó un poquito más pasar la zona de rocas.


El caso es que al llegar al pico nos encontramos con una maravilla de ola. Sólo había 2 personas en el agua y la serie venía limpia y de lejos. La serie se acercaba a los 2 metros y se podía coger de derechas, que era una bajada muy bonita y aguantaba unas cuantas maniobras, o de izquierdas, que era mucho más rápida y menos maniobrable.
Según Eder, la izquierda se ponía muy seca en baja y divertida, pero todavía no estaba funcionando a su máximo esplendor. La derecha, sin embargo, me tenía completamente enamorado. 


Al poco de llegar Eder ya demostraba que no era la primera vez que estaba ahí, y daba un recital de maniobras en la derecha. Iker y yo, no nos lo pensamos dos veces y en cuanto estuvimos en el sitio nos lanzamos a por la ola. Una verdadera gozada. La bajada es muy divertida y después se trata de no alejarse mucho de la espuma para no perder fuerza, puesto que no llevaban un brazo especialmente largo. Aquí, una secuencia de una de las olas de Iker desde mi gopro.



Uno tras otro, con la tranquilidad de estar 5 personas en el pico repartiendo las olas, nos dimos un festín, sobre todo Eder. Sin prisa pero sin pausa, no paramos de coger olas y remontar hasta que la hora de vuelta y las fuerzas nos hicieron salir del agua. Lo peor, tener que volver cuesta arriba después de semejante paliza... se nos hizo un poco largo y llegamos sudando, pero había merecido mucho la pena. Al salir, disfrutamos de unas impresionantes vistas para despedirnos con un buen sabor de boca. El viaje a ninguna parte había sido un éxito.