domingo, 5 de octubre de 2014

Olas increíbes en sitios increíbles

Es viernes, la semana ha pasado muy rápido y ni siquiera he tenido tiempo de mirar los partes... Mi único contacto con el mundo del surf ha sido por el incesante grupo de whatsapp, que ha veces funciona mejor que cualquier revista y web a la vez. Yo por si acaso, echo las tablas a la furgo, luego ya veremos que pasa. Ni siquiera me ha dado tiempo a prepararme la comida, por lo que tengo que improvisar en el trabajo caso de animarme a ir. Los primeros maratones del otoño parece que ya están aquí, y hay que aprovecharlos. A final de mañana el chat se empieza a calentar, y las previsiones de más de 2 metros y buen viento, no hacen más que convencerme de que hoy es el día. Si después surge algo más, ya veremos.


Iker y yo estábamos decididos a ir, y a última hora recibí el mensaje de Eder preguntándome por los planes. Al final, los 3 en busca de olas. El Plas, David e Ibán vendrían detrás, a más de una hora.
Por el camino, decidimos ir a un lugar perdido de la costa, de dificil acceso de cuyo nombre no puedo acordarme... 


Tras aparcar y coger nuestras cosas, bajamos unos senderos preciosos hasta llegar al lugar donde nos cambiamos, y desde allí, una pequeña odisea para entrar al agua. El caso es que cuando nos asomamos y vimos el mar, sus líneas perfectas peinando la costa, y esas olas que ya desde arriba parecían bastante potentes, nos entró un hormigueo mezcla de respeto y ganas de estar ya en el agua.
Tras cambiarnos, incluidos los escarpines para salvar una bajada con piedras muy peligrosa, y una entrada y salida llena de lastra en el agua, toca una buena remada hasta llegar al pico. Por momentos, parecía que estuviéramos en Fuerteventura, por las condiciones de calor y roca a nuestro alrededor.
El bueno de Eder, que fue el que nos avisó de coger los escarpines, tuvo el despiste de olvidarse los escarpines en la furgo, con lo que le costó un poquito más pasar la zona de rocas.


El caso es que al llegar al pico nos encontramos con una maravilla de ola. Sólo había 2 personas en el agua y la serie venía limpia y de lejos. La serie se acercaba a los 2 metros y se podía coger de derechas, que era una bajada muy bonita y aguantaba unas cuantas maniobras, o de izquierdas, que era mucho más rápida y menos maniobrable.
Según Eder, la izquierda se ponía muy seca en baja y divertida, pero todavía no estaba funcionando a su máximo esplendor. La derecha, sin embargo, me tenía completamente enamorado. 


Al poco de llegar Eder ya demostraba que no era la primera vez que estaba ahí, y daba un recital de maniobras en la derecha. Iker y yo, no nos lo pensamos dos veces y en cuanto estuvimos en el sitio nos lanzamos a por la ola. Una verdadera gozada. La bajada es muy divertida y después se trata de no alejarse mucho de la espuma para no perder fuerza, puesto que no llevaban un brazo especialmente largo. Aquí, una secuencia de una de las olas de Iker desde mi gopro.



Uno tras otro, con la tranquilidad de estar 5 personas en el pico repartiendo las olas, nos dimos un festín, sobre todo Eder. Sin prisa pero sin pausa, no paramos de coger olas y remontar hasta que la hora de vuelta y las fuerzas nos hicieron salir del agua. Lo peor, tener que volver cuesta arriba después de semejante paliza... se nos hizo un poco largo y llegamos sudando, pero había merecido mucho la pena. Al salir, disfrutamos de unas impresionantes vistas para despedirnos con un buen sabor de boca. El viaje a ninguna parte había sido un éxito. 

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