jueves, 12 de marzo de 2015

Puertecillo y la visita de Raul

Desde la llegada a Chile, uno de los sitos de los que más había oído hablar para surfear era Puertecillo. A unos 180 km de Santiago, y unos 30 km al norte de Pichilemu se encuentra esta punta bien resguardada de los vientos del sur y con unas condiciones increíbles para las olas.
Pero empecemos desde el principio. Esta semana recibí la visita de Raul, que ya había estado por estas latitudes varias veces. Bueno, realmente vino a trabajar, como las otras veces, pero el fin de semana lo aprovechamos para seguir descubriendo sitios desconocidos para nosotros.


El viernes salimos de Santiago a eso de las 14:30, y tras casi 3 horas nos acercamos a Puertecillo. Nos habían dicho que el acceso ya estaba muy bien, y que no hacia falta bajar por "la cuchilla", una pista forestal con pendientes del 65% y a la que solo podían acceder 4x4. El caso es que al llegar a Matanzas (otro sitio interesante donde surfearé), empezaba una pista de tierra que 15 km después acababa en puertecillo, eso sí, tras preguntar a varios lugareños por dónde ir. 15 km de pista de tierra y los últimos 2 con pendientes dignas del tourmalet, y sin las que con un buen 4x4 pasaríamos algunas dificultades. Finalmente, llegamos a una bifurcación: a la izquierda la ola, a la derecha, el alojamiento que no habíamos reservado... a la izquierda a chequear la ola... una vez allí, y tras comprobar que todo era incluso mejor de lo que nos imaginábamos, volvimos hacia el cruce para ir a lo que se conoce como Puertecillo. Un lugar donde no hay cobertura en 10Km a la redonda, con 2 bares y un par de ultramarinos sin apenas género que comprar...










El caso es que en uno de los condominios vimos un cartel de cabaña disponible, y tras echarle un vistazo y ver que no íbamos a tener muchas más opciones, nos decantamos por lo que había.
Dejar las cosas y al agua. La primera toma de contacto con la ola fue buena para Raul y frustrante para mì. Tras casi 2 meses sin surfear me faltaba bastante ritmo y lectura de la ola, pero solo el hecho de estar en el agua ya era bueno. Tenía todo el fin de semana por delante. Raul por su parte disfruto desde el principio, dando buena cuenta de la ola y todas sus posibilidades.


Con ya muy poca luz nos salimos del agua, y fuimos al único bar-restaurante con wifi en todo el área. Allí, cual fue nuestra sorpresa cuando al preguntar que había para cenar nos dijeron que no sabían... que tenían muy poco y que tenían que mirar... eso sì, nos pidieron 3000 pesos por usar el wifi (unos 5 euros). Finalmente nos dijeron que había pan con queso y pastel de Jaiba (cangrejo) por lo que aceptamos gustosamente... eso sí, si hubiéramos sabido que pan con queso era pan de molde de hamburguesa con queso fundido seguro que no lo hubiéramos pedido...
El pastel de jaiba, un par de cervezas y la conversación con la familia ocuparon todo nuestro tiempo hasta que decidimos ir a comprar algo de desayuno en uno de los 2 bazares del pueblo...
¿Teneis pan? No, Teneis leche? No, teneis yogures? no? teneis fruta? lo que veis ahí... (cebollas y patatas!!) teneis galletas? Sí... pues bien de galletas, porque no teníamos otra cosa, a parte de un par de plátanos que nos sobraron del viaje...



Las cabañas, todo hay que decirlo, estaban bien, sin ningún lujo y escasas de menaje, pero para lo que necesitábamos, eran perfectas. Tras un rato de conversación, a la cama, que al día siguiente había mucho surfing.

El sábado no madrugamos todo lo que se podía, pero el cansancio de la semana nos hizo aguantar casi hasta las 8 en la cama. Desayunar y al pico. Pocos en el agua y cada vez más gente llegando al parking. Raul se quedó fuera un poco sacando fotos mientras yo surfeaba, para luego cambiar los papeles.



En el agua una izquierda limpia, larga, larga no... muy larga... perfecta para darle velocidad en algunos tramos y maniobrar en otros. la serie tardaba en llegar, pero cuando llegaba lo hacía con más de un metro que hacia las delicias del primero que la pillaba. Yo me quedé más cerca de la orilla, en una sección que no solía conectar con el principio, a cazar alguna serie perdida. Mi estado de forma y falta de minutos no daban para mucho más. Aun así aproveché alguna buena ola, no todo lo que se podía, pero si como para ir recuperando sensaciones. Al cabo de una hora, le cedí el turno a Raul... y no tardo mucho en destrozar varias de las series que aparecieron. Una tras otra iba sacándole jugo a la ola, enlazando maniobras y secciones, algunas de ellas tan largas que la mejor opción era salirse y dar la vuelta por fuera en vez de remar 300 metros...





Y así durante un par de horas hasta que el hambre llamó a nuestra puerta. Afortunadamente, en el mismo spot hay un restaurante que abre los sábados y domingos y dan pizzas desde las 12... así que a las 12 ya estábamos pidiendo la nuestra... la cosa se retraso hasta la una, pero finalmente pudimos reponer fuerzas sin recurrir al pan con queso... y tras la pizza, una merecida siesta para poder disfrutar a la tarde de un buen baño. La previsión indicaba que el mar iba a ir subiendo a la tarde y durante el domingo, así que quedaba lo mejor.

Por la tarde el mar había subido un poco, quizás medio metro, y las series llegaban constantemente. El sol seguía luciendo y el viento soplaba del sur, pero este sitio está lo suficientemente protegido para que no se estropeen las olas, por lo que tuvimos un gran baño. 
Poco a poco me fui soltando y cacé unas buenas series que me permitieron llegar casi hasta la orilla, mientras Raul seguía pillando una y otra vez las olas con más calidad que caían a su alrededor. 
Más de una vez nos cruzamos los caminos remontando, y hasta alguna coincidimos remontando por la playa, al estar ya muy lejos del pico.
Fue el baño más largo del fin de semana y el que más disfruté. Desde luego que surfear esta ola en plena forma tiene que ser un lujo.

Una vez terminado el baño, un pequeño tentempié en el bar con wifi, y a descansar a la cabaña. Buena conversación y buena cena, ya que era la ensalada "ensaladón" que habíamos pedido a medio día y que no habíamos podido ni empezar por acabarnos la pizza. 

A la mañana siguiente, levantarnos temprano, desayunar las galletas que teníamos como único sustento, y para el agua. Esta vez los 2 a la vez y sin fotos. Aunque el mar se suponía que debía estar más grande, lo cierto es que estaba más pequeño y las series tardaban más en llegar. Si la tarde anterior disfruté a medio recorrido cogiendo algunas de las olas que venían libres, esta vez no llegaban con fuerza suficiente y había que adentrarse más. A mí, al cabo de menos de una hora en el agua las fuerzas ya me habían abandonado (con ese desayuno era normal), y cada vez había más gente y menos olas, por lo que opté por salirme tranquilamente del agua. Raúl no tardó mucho más, viendo las circunstancias. Por el camino me encontré una medusa de las que me había comentado Raul en el agua que había, pero no le hice mucho caso... y menos mal, porque viendo el tamaño, no sé si me hubiera metido...   


Al final, vuelta por las mismas pistas por las que vinimos, disfrutando del hermoso paisaje entre árboles y acantilados hasta poner rumbo a Santiago, donde llegamos tras casi 3 horas. Raul, puedes volver cuando quieras, que hay que repetir.