martes, 12 de mayo de 2015

Hawaii, el sueño cumplido

Y por fin el sueño se hizo realidad. Tras unas cuantas semanas en las que sólo pude disfrutar de un par de baños en Maitencillo, llegó el tan esperado viaje a Hawaii.

Cuando era pequeño solía comprar la revista 360 en Koala, y en ella, veía fotos de tubos increíbles y paisajes maravillosos, casi todo ello en Hawaii. Creo que desde ahí tuve una fijación con esas islas, y unos cuantos años después, he podido cumplir uno de mis sueños.

Tras casi un día entero de vuelo, con 2 aviones de 10 y 8 horas de duración respectivamente, llegamos a Honolulu. La verdad es que Honolulu es la típica ciudad americana, con sus autopistas de 6 carriles, atascos, etc...nada especial, pero la zona de waikiki, que es donde nos alojábamos sí que tenía un algo especial. Se respira surf por los 4 costados, todos los bares, tiendas, puestos, tienen algo relacionado con el surf en su local.




Los 2 primeros días nos dedicamos a descansar, a pasear y disfrutar de la playa de waikiki. Aproveché para surfear en esta mítica playa, con olas increíblemente fáciles de coger y recorrido, con aguas cristalinas y cálidas... eso sí, olvídate de tener un baño tranquilo. Como spot urbano y encima de renombre mundial, está masificado a todas horas. Hay olas para todos por su multitud de picos, pero aún así es difícil disfrutar de un baño en condiciones. Me alquilé un long de 9 pies por 20 dólares 2 horas, y cuando estaba en el agua me dí cuenta que era de las tablas más pequeñas que había por allí... todo el mundo usa unos tablones enormes, y claro, la pelea resulta más complicada cunado compites contra tablas de 10 pies y SUPs... aun así, tuve tiempo de disfrutar. El paisaje y el agua caliente facilitan mucho las cosas, y unas cuantas buenas olas también ayudaron.
También aprovechamos para que Daniela tuviera su primer contacto con una tabla de surf, y no pareció disgustarle, aunque es muy pequeña todavía... desde luego, mejor comienzo que en Waikiki imposible. 





Los alrededores de wikiki son puro surf comercial. Tienes tiendas de ropa de surf cada manzana, con todas las grandes marcas presentes en cada esquina, y la posibilidad de alquilar tablas en la misma playa por 20 dólares 2 horas. Yo opté a partir del segundo día por alquilar en laguna de las calles adyacentes, mucho más baratas y con tablas de gran calidad. Estuve hablando con unos japoneses que llevaban una de ellas, y que por 20 dolares alquilabas la tabla todo el día. Me llamó la atención el quiver de tablas disponible, con decenas de Takayamas y MacTavish para alquilar en perfecto estado... incluso te daban la posibilidad de alquilar la go pro!


Una vez descansados los primeros días, nos fuimos a conocer lo que realmente más quería: El North Shore.
Tras 45 minutos en coche disfrutando del verde paisaje, llegamos a Haleiwa. Aquí todo es diferente. Todo está hecho al estilo colonial, con sus casitas bajas, manteniendo el mismo corte que hace muchos años. Entrar al pueblo es pasar por una calle principal en la que cada 50 metros hay una tienda de surf, con un montón de tablas disponibles. A cada lado de la calle, se extienden pequeñas plazas llenas de tiendas, al más puro estilo del antiguo oeste americano.



Tras parar en muchas de ellas, y comprar todo tipo de accesorios, desde marcas de cera local hasta tikis o quillas, nos dirigimos hacia la zona de las playas.
Esa es la carretera que tantas veces he visto en los videos de surf, con las rancheras aparcadas a ambos lados de la carretera, bien pegada a la costa y desde la que se pueden ver cientos de sitios en los que poder surfear.
Paramos en unas cuantos sitios, desde la bahía de Haleiwa hasta Turtle bay. Cada sitio nos regalaba una foto de postal. Paramos en Laniakea Beach, una de las playas donde las tortugas van a depositar sus huevos y tuvimos la suerte de que ahi estaba una de ellas.
Seguimos por la costa hasta llegar a Waimea Bay, uno de los lugares míticos del surf de olas grandes. Como no es época de olas grandes, no vimos la bahía en todo su esplendor, pero el lugar es paradisíaco, y verlo en pleno temporal tiene que ser impresionante.
Justo en frente del aparcamiento de Waimea Bay, está la entrada al parque natural de Waimea Valley, donde hicimos una de las excursiones más bonitas de las vacaciones para llegar hasta las casacadas de Waimea, en un entrono de vegetación increíble.



Siguiendo por la costa, una vez pasada Waimea Bay, uno se encuentra con Sunset Beach, otro de los templos del surf. Solo ver los puestos de socorro de estas playas y los carteles, uno se hace a la idea de lo que hay por ahí. Todos los días que estuvimos por ahí, siempre ví gente en el agua (poca), en picos que estaban a bastante distancia de la orilla. Sólo un día había olas cerca de la orilla, con olas entorno a un metro, y disfruté de un espectáculo de lo más entretenido. En el pico había unos 20 niños, de entre 6 y 12 años más o menos, y surfeaban increíble. Muchos de ellos con unas tablas pequeñas de las "soft", sin quillas, y haciéndose uno o varios 360° en cada ola... no me extraña que luego surfeen así con 20 años...




Si continuaba la carretera de la costa, esa recta terminaba en Turtle Bay, donde hay un complejo hotelero con un par de campos de golf, y una bahía preciosa sin apenas gente, ya que todos están en el lado del resort en que hay restaurantes y tumbonas (una playa pequeña). El caso es que el uno de los días que estuvimos ahí, estuvimos en esa playa, y había que salir bastante lejos para surfear, más allá de unos arrecifes, y no me atreví. Pero el penúltimo día, al irnos a casa, ví a un local que se iba hacia el lado contrario del resort, y me quede intrigado por dónde surfearía. Así que lo seguí hasta ver dónde iba, hasta encontrar uno de esos sitios que a uno le enamoran. Turtle bay, una bahía con apenas un metro de playa e incómoda para turistas por sus accesos, era en esos momentos un sitio donde rompía una derecha larga pegada a las rocas, y sin apenas gente. No me lo pensé 2 veces, y el último día antes de volver a casa por la noche, fuimos por la mañana a disfrutar de esa maravilla. Era una buena manera de despedirse de la isla.



Así que estuve durante un buen rato cogiendo derechas largas y disfrutando del momento, el entorno, y la calma del lugar junto con un SUP local. Después llegamos a estar hasta 4 en el pico, incluido un SUP con sus 2 perros encima de la tabla. Esos recuerdos están grabados en la memoria como se merecen.

No hubo mucho más surf durante los 10 días que estuvimos, más allá de los baños en Waikiki (todos muy parecidos) ya que unos días por las condiciones, y otros por las excursiones no se dieron las circunstancias. Condiciona el no conocer los lugares, todos con fuertes corrientes y fondos de roca, y cierto temor a meterse en sitios donde uno no es muy bien recibido (visto con algún turista), pero es un lugar del que disfrutamos muchísimo en familia.






También hubo tiempo para visitar un par de talleres de los mejores shapers del mundo. Uno de tablas convencionales, como Eric Arakawa, y otro de auténticas obras de arte, como Lon Klein y su famosa Haleiwa surfboard company.
Una pena no poder llevarme tablas del taller de Eric Arakawa, puesto que tenía varias tablas a muy buen precio, pero que se hacían imposibles con los gastos que te cobran las compañías aéreas... El taller de Haleiwa surfboard company, merece un comentario aparte.
En un principio, pensaba que era un taller de tablas normal, pero cuando llegamos, vi que era una carpintería. En ella, su  dueño comenzó haciendo tablas para surfear por afición, y ha acabado siendo un referente de la zona. Vimos como realizaba las tablas desde el principio, usando la madera de los árboles hawainanos, y montándolas pieza a pieza, como si fuera un puzzle con miles de ellas, hasta darles una forma única. Tenía expuestas varias de ellas, auténticas obras de arte, y como tales se venden a un precio que oscila entre los 7.000 dólares las de la foto, hasta más de 20.000 dólares las más grandes tipo longboard (había una de ellas a la venta, con el logo de Robert August preciosa).

En definitiva, una experiencia increíble. Disfrutar del ambiente de la isla, de sus costumbres y cultura, y trasladarse al origen de surf, a la playa y a la postal que tantas veces he visto y en las que soñaba estar. Un sueño cumplido.