domingo, 9 de agosto de 2015

Como en casa en ningún sitio

A finales de mayo se confirmó lo que llevaba unos meses sin concretarse, que era la estancia en España durante unas semanas desde mediados de junio por temas de trabajo. Iban a ser unas semanas muy duras, trabajando en Madrid, pero me iban a permitir estar en casa durante el fin de semana, y, como no, disfrutar de la gente y lugares que tanto he echado de menos. 
Así que al poco de llegar, había organizada en casa de Javi y Patricia una Barbacoa con los secanos, y que mejor oportunidad que verlos a todos que ahí.


Pasamos un gran rato, cenamos muy a gusto e hicimos entrega a Josu de su camiseta de los secanos, que por circunstancias no tenia de la vez anterior. Fue un placer volver a compartir las historias de uno y otro lado del atlántico, de los maratones de invierno, de viajes a hawaii, a maldivas, de futuros planes y viajes, y de pasadas historias y anécdotas. 
Eran tal nuestras ganas de volver a surfear y pasear por las playas y lugares que tanto hemos echado de menos, que nos retiramos pronto a casa para poder ir a la mañana siguiente a las Landas. Allí, volvimos a disfrutar de esos pequeños placeres que te alegran la vida, de los paseos por la orilla del mar, las parrilladas de la mer, el vino blanco y el andar sin prisa... 
Por la tarde, primer baño en Capbreton. Hacía mucho tiempo que no me metía al agua, por lo que me lo tomé con calma sabiendo que mi nivel físico no era el mismo que cuando surfeaba regularmente. Aun así, en la hora larga que estuve en el agua disfruté mucho del metro rápido que se formaba, aunque acabé desgastado por la continua corriente que me sacaba del sitio.


Al domingo siguiente, madrugón de los de antaño, de esos que han hecho piña entre los secanos. Antes del amanecer, Axier, Iván y yo ya estábamos en ruta hacia Zarautz. Le pedí a Axier que me llevara su Zips, un tablón que no llega a 7 pies, con mucho rocker, y que dadas las condiciones de zarautz ese día, de medio metro, me iba a venir de lujo... y así fue. A primera hora muy pocos en el agua, como era de esperar, y cuando llegaba alguna serie daba tiempo a que nos repartiéramos las olas sin problemas. Durante las 2 horas que estuvimos en el agua, tranquilidad, risas, nostalgia... todas estas cosas se valoran mucho cuando no puedes disfrutar de ellas tan a menudo. 
Después, vuelta a casa, comentando lo bueno de aquí y de allí, y todos los viajes y cosas que queremos hacer, y que seguro que en algún momento hacemos realidad.

El fin de semana siguiente, nos fuimos a pasar varios días a Hossegor. Allí, a parte de comprobar como algún desalmado me robaba los tapacubos de la furgoneta, volví a meterme al agua al amanecer, aprovechando las buenísimas condiciones que tenía. El primer día, cuando mejor lo estaba pasando en la Piste, y ya había recuperado mucha confianza encima de la tabla, partí el tapón del invento y me tuve que salir del agua. Javi y David se suponía que iban a entrar al agua a la vez que yo, pero les pudo el sueño y entraron más tarde, justo cuando yo me salía del agua. Como la reparación iba a llevar varios días, tuve la suerte de que Raul me dijo que subía a darse un baño, y le pedí que me prestara una tabla para esos días. 
A media mañana ya estábamos todos en Oceanides, y aunque se había levantado un poco de viento y el mar ya no estaba glassy, había olas de un metro que merecieron mucho la pena. Así que Raul y yo nos metimos al agua, y aprovechamos bien la hora y media larga que estuvimos en el agua. David, que nos vio cuando salía del agua, también se volvió a meter para compartir unas olas.. hacía mucho que no surfeabamos juntos, y con el 4/3 de David y el calor que hacía era donde mejor se estaba... 
Ese baño. me sorprendió mucho la tabla que me dejó Raul, una lost de 6'4", 19 y 2 3/8 con la que me sentí muy cómodo, es más, llevaba tiempo dándole vueltas a usar una tabla un poco más fina que las que uso habitualmente para poderla mover con más facilidad, pero no me atrevía por miedo a perder flotabilidad. Con ese modelo, comprobé que podía manejarme sin problema... ahora, ya veremos a ver con qué tabla acabo...


Y un día de esa semana, de la única que estuve en Pamplona, aproveché para ir entre semana con Iker a un lugar esos que te cuesta llegar a pie un buen rato, que tienes que atravesar parajes que sólo con verlos el viaje ya habría merecido la pena, pero es que, además, disfrutamos de unas olas perfectas solos durante un rato,y con otros 2 más el resto de la mañana. Me sirvió para afirmarme en mi teoría de que la Lost me venia mejor para maniobras sin perder mucha remara y que mi próxima tabla no diferiría mucho de esas medidas. 
Y con esa tabla, con Iker y en ese lugar, volví a disfrutar, a cargar la mochila de nostalgia, del olor de la arena húmeda por la mañana, del viento offshore del amanecer, del salitre pegado en la cara y llevarme todo eso en el equipaje de vuelta para un Chile en el que me espera un mes de invierno antes de volver a casa, esta vez sí, de vacaciones.

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