viernes, 11 de septiembre de 2015

Iván, mi shaper de confianza


Hace poco tiempo recibí un mensaje de Iván diciéndome que tenía novedades, y que ya hablaríamos. Como sé que era algo relacionado con el surf, no tardé en llamarle para que me contara, y tras una conversación, quedamos en hablar a la vuelta de sus vacaciones... pero empecemos por el principio.



Conocí a Iván a través de Ibán bananas, hace poco más de 2 años. Ibán me comentó que él siempre le llevaba las tablas a reparar a un amigo y que las dejaba perfectas. Anteriormente, dejaba las tablas a reparar en Zarautz o Francia, con la consiguiente molestia de volver a buscarlas, hubiera o no condiciones para un baño por allí cerca... El caso es que ese primer día estuvimos hablando un buen rato de nuestro mundo del surf y los dos teníamos la misma visión, a parte de que la reparación que hizo me sorprendió por su alto nivel de acabados. A partir de ahi, quedamos para ir a surfear siempre que podíamos, y durante nuestros viajes a la costa siempre hablábamos de proyectos que teníamos en mente sobre el surf en nuestra ciudad y cómo llevarlos a cabo. Todo esto se interrumpió hace unos meses cuando por trabajo me tuve que ir a Chile.


Iván ha seguido arreglando las tablas de todos los secanos y de más gente desde hace años, y siempre le hemos animado a que lo siguiera haciendo, dado lo bien que lo hace. Este buen trabajo con las tablas tampoco ha pasado desapercibido para Pablo y Helena de Lamoona. Pablo e Iván siempre han tenido buena relación y han intercambiado muchas opiniones acerca del shaping de las tablas y sus reparaciones. Desde que Pablo no se encargaba de las reparaciones en Lamoona, el nivel de las reparaciones en Lamoona dejaba mucho que desear, y ahora que las circunstancias son las adecuadas para ambos, Iván ha empezado a trabajar con ellos. En Lamoona dispone de unas instalaciones totalmente preparadas y no tengo dudas de que si las cosas se hacen bien, esta relación puede dar muy buenos frutos. A partir de ahora, Lamoona puede contar con un shaper de confianza.


Por mi parte yo he aprovechado para llevar mi última adquisición, un mini-long single de quilla fija de 7 pies con los cantos muy finos, que tenía un pequeño toque, y mi primer long, que llevaba años con varios toques y que por el poco uso que le daba, nunca llevaba a reparar. 

Con el paso del tiempo, uno se da cuenta de lo importante que es tener una persona de confianza a la que poder darle tus tablas, sabiendo que van a volver reparadas en perfectas condiciones. A su vez, lo bueno de tener un contacto directo con tu shaper es que conoce tu forma de surfear, lo que buscas y cómo puede modificar tu tabla para disfrutar más o dar ese pequeño paso que mejore tu surfing y si está al lado de casa mucho mejor. A partir de ahora, Lamoona es ese sitio.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

A quien madruga...

Desde mi llegada a España hace más de una semana, no he dejado de mirar los partes pensando en escaparme algún día y disfrutar de un buen baño, preferiblemente al amanecer, y con poca gente. Obviamente, el no madrugar supondría más gente, por lo que en este caso se cumple a la perfección aquello de "A quien madruga Dios le ayuda".
 


El caso es que tras un amago de temporal el lunes con unas previsiones de 4 metros que se quedaron en 2, el martes no me lo pensé 2 veces y aproveché que Iban estaba acampado por la costa, y Victor también se animó. Muy de madrugada me levanté y fui en busca de Ibán, con quien me encontré todavía de noche. Tras mirar las condiciones y ver que teníamos un regalo en forma de swell ordenado, nos cambiamos y para el agua. Victor se iba a retrasar, por lo que ya nos veríamos en el agua. También estaba Lekun, un amigo de Ibán que también hizo noche en la furgo y con el que compartimos un buen rato en el agua y después del baño. 
Ya en el agua, lo único que se puede decir es que nos dedicamos a disfrutar, tanto de las olas, como del amanecer, el paisaje, la temperatura del agua... son estos baños los que a uno le llenan de vida.
Poco después vino Victor con su "Alcayata", y a nosotros se sumaron otros 3, que no impidieron que estuviéramos muy a gusto en el pico. Ibán se salió pronto para ir a trabajar, y poco a poco los demás, tras más de hora y media en el agua. Al final, Victor se quedó solo aprovechando todo lo que venía para él. 




El jueves, también era un día favorable, y esta vez con Iker decidimos hacer la misma ruta. En un principio parecía que íbamos a estar más gente que el martes, pero tras estar con los mismos 3 del martes anterior, éstos se salieron al poco de llegar nosotros y nos quedamos Iker y yo solos. Aunque las olas no eran tan consistentes como las del martes, nos dimos un buen baño y salimos satisfechos.
El fin de semana nos vinimos a las Landas, donde tenía puestas las esperanzas de tener una semana de buenas olas. Los partes son caprichosos, y esta vez parecía que las olas no me iban a acompañar. De poco más de un metro del sábado pasábamos a medio metro y poco periodo el martes, con lo que los baños serían pocos.


El sábado en Les Bourdaines, tuve suerte de meterme justo cuando la marea estaba subiendo, y fue en ese momento cuando mejor rompían las olas. Las series de metro y con fuerza permitían coger bien la pared de la ola, y durante más de una hora estuve disfrutando. Hacía mucho que no tenía un baño tan satisfactorio en esta playa y la verdad que salí muy contento. Ya por la tarde, y viendo que el mar había bajado un poco, me fui a La Santocha con el long, y dada la cantidad de gente que había, era lo mejor que pude hacer. El verano y el longboard son una buena combinación si uno quiere coger olas, divertirse y no ver cómo otros se llevan las olas. Aun así, el baño fue corto, de una hora aproximadamente, ya que a la mañana siguiente había quedado con David al amanecer.


El domingo por la mañana fue un baño de esos en los que uno se alegra de madrugar. La primera hora en el agua fue la mejor, con 2 más en el agua y sin problemas para coger las olas. La serie venía con mucha fuerza, y pasaba el metro, así que tanto David como yo disfrutamos mucho ese rato. Después de la primera hora, empezó a bajar la marea, ponerse más seco y a llenarse de gente, con lo que aguantamos poco más de media hora hasta que nos salimos... eso sí, ya podían ser como la primera hora todos los baños del verano.