miércoles, 2 de septiembre de 2015

A quien madruga...

Desde mi llegada a España hace más de una semana, no he dejado de mirar los partes pensando en escaparme algún día y disfrutar de un buen baño, preferiblemente al amanecer, y con poca gente. Obviamente, el no madrugar supondría más gente, por lo que en este caso se cumple a la perfección aquello de "A quien madruga Dios le ayuda".
 


El caso es que tras un amago de temporal el lunes con unas previsiones de 4 metros que se quedaron en 2, el martes no me lo pensé 2 veces y aproveché que Iban estaba acampado por la costa, y Victor también se animó. Muy de madrugada me levanté y fui en busca de Ibán, con quien me encontré todavía de noche. Tras mirar las condiciones y ver que teníamos un regalo en forma de swell ordenado, nos cambiamos y para el agua. Victor se iba a retrasar, por lo que ya nos veríamos en el agua. También estaba Lekun, un amigo de Ibán que también hizo noche en la furgo y con el que compartimos un buen rato en el agua y después del baño. 
Ya en el agua, lo único que se puede decir es que nos dedicamos a disfrutar, tanto de las olas, como del amanecer, el paisaje, la temperatura del agua... son estos baños los que a uno le llenan de vida.
Poco después vino Victor con su "Alcayata", y a nosotros se sumaron otros 3, que no impidieron que estuviéramos muy a gusto en el pico. Ibán se salió pronto para ir a trabajar, y poco a poco los demás, tras más de hora y media en el agua. Al final, Victor se quedó solo aprovechando todo lo que venía para él. 




El jueves, también era un día favorable, y esta vez con Iker decidimos hacer la misma ruta. En un principio parecía que íbamos a estar más gente que el martes, pero tras estar con los mismos 3 del martes anterior, éstos se salieron al poco de llegar nosotros y nos quedamos Iker y yo solos. Aunque las olas no eran tan consistentes como las del martes, nos dimos un buen baño y salimos satisfechos.
El fin de semana nos vinimos a las Landas, donde tenía puestas las esperanzas de tener una semana de buenas olas. Los partes son caprichosos, y esta vez parecía que las olas no me iban a acompañar. De poco más de un metro del sábado pasábamos a medio metro y poco periodo el martes, con lo que los baños serían pocos.


El sábado en Les Bourdaines, tuve suerte de meterme justo cuando la marea estaba subiendo, y fue en ese momento cuando mejor rompían las olas. Las series de metro y con fuerza permitían coger bien la pared de la ola, y durante más de una hora estuve disfrutando. Hacía mucho que no tenía un baño tan satisfactorio en esta playa y la verdad que salí muy contento. Ya por la tarde, y viendo que el mar había bajado un poco, me fui a La Santocha con el long, y dada la cantidad de gente que había, era lo mejor que pude hacer. El verano y el longboard son una buena combinación si uno quiere coger olas, divertirse y no ver cómo otros se llevan las olas. Aun así, el baño fue corto, de una hora aproximadamente, ya que a la mañana siguiente había quedado con David al amanecer.


El domingo por la mañana fue un baño de esos en los que uno se alegra de madrugar. La primera hora en el agua fue la mejor, con 2 más en el agua y sin problemas para coger las olas. La serie venía con mucha fuerza, y pasaba el metro, así que tanto David como yo disfrutamos mucho ese rato. Después de la primera hora, empezó a bajar la marea, ponerse más seco y a llenarse de gente, con lo que aguantamos poco más de media hora hasta que nos salimos... eso sí, ya podían ser como la primera hora todos los baños del verano.





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