domingo, 4 de octubre de 2015

Reñaca y el Tsunami de Concón; ya soy instructor ISA

Llevaba ya tiempo dándole vueltas a sacarme el título de instructor de surf, y después de varios intentos, conseguí contactar con una de las 4 personas que se encargan de dar estos cursos en latinoamérica. No fue cosa de un día para otro, y al final, llegué a la misma persona a través de varios canales. Su nombre, Juan Pablo Barrientos, y es instructor por la International Surfing Asociation (ISA) de varios niveles, juez de campeonatos internacionales y un montón de cosas más de la ISA.
Le comenté cuales eran mis inquietudes y que, básicamente, no quería el título de instructor de surf para impartir lecciones en una escuela (por lo menos de momento), sino por enriquecimiento personal y por poder enseñarle a mi hija, sobrinos, etc en condiciones.
Tuve suerte porque estos cursos se imparten cada mucho tiempo, y dado lo grande que es Chile, tuve suerte de que fuera cerca de Santiago.



El curso constaba de 2 jornadas, divididas en teoría y práctica. Si bien la primera podía parecer la más aburrida, no lo fue. El mono Barrientos se encargó de hacer la instrucción del primer día muy entretenida. Fueron casi 6 horas de teoría que se pasaron volando, con multitud de ejemplos y anécdotas que amenizaron el día. Al principio era un poco escéptico sobre cómo sería el curso, pero después, supero todas mis espectativas.
Un curso bien estructurado, con buenos ejemplos tanto verbales como en vídeo que nos enseñaron tanto a mí como a los otros 2 chicos que habían venido a sacarse el título, todo un mundo de posibilidades. 





El primer día de curso fue en Reñaca, y como habíamos quedado en un principio en Concón, aproveché para ver toda esa zona por primera vez. A escasos 15 minutos de Viña del Mar (1 hora si es verano, según me comentaron) Reñaca me recordó mucho a Anglet, con una playa parecida, muy desnivelada y con un gran y bonito paseo, que sobre todo Amaia echaba mucho de menos. Desde ahí hasta Concón una bonita carretera que bordea la costa, con numerosos restaurantes y acantilados, y con casi ninguna playa.
El segundo día quedamos en Concón, en lo que hasta hace 2 semanas era la playa de Concón y que el Tsunami del 16 de septiembre se encargó de hacer desaparecer. Al llegar allí me encontré una imagen desoladora, con un gran barrizal y varias escuelas de surf y restaurantes totalmente arrollados. 
El Mono me explicó cómo había pasado todo, y cómo era antes, por lo que el trabajo que había que hacer desde ese momento era mucho. 

En cualquier caso, nos cambiamos y nos pusimos con la segunda parte del curso. La práctica sobre cómo impartir las lecciones en la playa y desde el agua fue muy entretenida y el que hubiera olas pequeñas y con mucho periodo facilitaba todo mucho más. 
Pasamos un rato entretenido que finalizamos con varias demostraciones de maniobras de surf, emplazándonos a realizar unas prácticas de varias sesiones de enseñanza. 
En definitiva, y a falta de recibir el título oficial de instructor de surf nivel 1 (apto para enseñar desde nivel iniciación hasta intermedio), ya puedo decir que soy instructor de surf.




El fin de semana siguiente el parte de olas era espectacular, con olas de 2 metros, sin viento y periodo de 15 segundos. No tardé mucho en convencerle a Amaia de que teníamos que volver a Reñaca. 
Al llegar allí, a eso de las 10 de la mañana, me encontré con demasiada gente y menos tamaño del que anunciaban. Más de 20 personas en el agua divididos en 2 picos, pero dado lo que tardaban en llegar las series, se hacía difícil conseguir una buena ola. Aun así, tras más de una hora me fui con buenas sensaciones. Cogí pocas olas pero lo más importante, me divertí. Sobre todo un rato en el que un león marino estuvo rondando el pico, asomándose y buceando alrededor... los demás no se inmutaban, pero para mí, que era la primera vez los veía de cerca, me pareció increíble.
Después de un bonito paseo y de una riquísima comida en Concón, donde pudimos ver que habían trabajado mucho en recuperar la playa, volvimos a  Reñaca. Eran alrededor de las 3 de la tarde, y sólo había 4 personas en el agua. Las series venían un poco más grandes que a la mañana y no me lo pensé mucho, más allá de vencer la pereza post comida.

El caso es que no me arrepentí para nada. Tuve una sesión buenísima, con un montón de izquierdas que abrían y sin apenas gente, con lo que estuve relajado y pasándomelo en grande durante más de hora y media. Al final los brazos me pesaban y opté por salirme, aunque con cierta pena por saber cuando volveré a tener un baño con esas condiciones y con la duda de si ese león marino estará por ahí la próxima vez.