martes, 1 de diciembre de 2015

De Cantábrico a Pacífico en menos de una semana

A veces, por circunstancias de la vida, uno va y viene, pero siempre tiene que buscar el lado bueno de las cosas. Durante el ultimo mes, tuve que viajar por circunstancias a Pamplona, donde pasé unos días   apoyando en todo lo posible a Amaia. 
Uno de esos días, organizamos todo para que tuviera la mañana libre y pudiera ir a surfear. El tiempo acompañaba, el parte de olas acompañaba, y casi todos los secanos estaban dispuestos a compartir un baño, así que todos estábamos alineados. Cuando uno está tan lejos, echa mucho de menos poder entrar al agua con sus amigos y compartir ese rato, y por supuesto, el de ida y vuelta, poniéndose al día de todo lo que rodea el surf, y nuestras vidas.

Así que ahi estaba, a las 7 de la mañana esperando a que Axier pasara por casa. De ahí a Navarducha, donde quedamos con Javi y Josu. Como no cabíamos todos con las tablas en un mismo coche, fuimos por separado. Poco antes, Iban y Miguel ya habían salido y además Victor aparecería directamente. 
Tras poco más de una hora de entretenido camino, llegamos a Bidart, donde tuvimos que ir al parking de arriba tras comprobar que en el de abajo no había sitio. El día ya estaba soleado, y las olas tenían muy buena pinta, con lo que había muchísima gente en el agua, como era de esperar. 


Tras casi 2 horas en el agua, poco a poco fuimos saliendo. Como siempre, bananas era el ultimo en salir, pero mientras salía, nos dio tiempo a comentar lo bueno y lo malo del baño, a echar unas risas calculando en qué porcentaje estaban los brazos de Blasco, y cuáles eran nuestros próximos trips soñados y planeados. Después, la foto de rigor para inmortalizar la sesión, y vuelta a casa como siempre que vuelvo, con una sonrisa de oreja a oreja. Estas pequeñas cosas y a la vez tan grandes, hacen que la vida merezca la pena.


4 días después estaba organizando un fin de semana en Con-con a 13.000 km de Pamplona. El parte de olas era bueno, así que en vez de quedarme en casa decidí que había que ir a probar nuevos spots.
Salí el sábado temprano por la mañana, llegando a Reñaca poco después del amanecer. La bruma y el frío mañanero no invitaban a nada, y el mar estaba muy revuelto como para tener un baño decente. Me quedé una media hora observando a dos o tres surfistas que no tuvieron tantas dudas para entrar, pero lo único que hice fue corroborar que mi decisión de no entrar era la acertada. Así que puse rumbo a ConCon, donde no tardé mucho en llegar. Allí el mar estaba mucho más calmado, tan calmado que apenas levantaba medio metro la serie. No tenía más remedio que esperar. 

Por la tarde volví a hacer la misma ruta, esta vez en dirección inversa, pero con el mismo resultado. Afortunadamente me llevé conmigo el surfskate, y pude probarlo en varias rampas de pendiente no muy pronunciada. Resultado: un gran entrenamiento para el surf y muchas más ganas de surfear. La mañana siguiente subía el mar, así que no iba a dejar pasar la oportunidad.


7 de la mañana, no hay nadie en Concon, pero el mar deja adivinar alguna serie de mayor tamaño que el día anterior. Me quedo un rato observando y veo que puede haber baño, así que no me lo pienso más y al agua. Ya dentro, la espera es larga, pero cada cierto tiempo, una serie me permite acabar con la sequía del día anterior. Poco a poco me voy animando e incluso alguna ola supera mis expectativas al dejarme hacer un recorrido más largo. No hay nada como no tener mucha esperanza para acabar satisfecho.

De vuelta a casa, pasé por playa negra, una playa con muy poca arena y mucha roca, cerrada como en una pequeña bahía y con una gran roca en medio que presidía la playa. Ví algún coche parado y me detuve a verla con detalle. Había un par de corcheros cogiendo una izquierda que salía tras la roca grande. No era una izquierda muy larga, pero dejaba hacer un par de maniobras y la ola, cuando rompía, era fácil de coger y surfear. Así que me fui a descansar y aproveché para volver a la hora de comer, pensando en que sería la hora con menos gente. 


A eso de la 1 estaba allí. Me dediqué a observar la ola y ver cómo poco a poco salían los 5 o 6 que estaban en el agua, y cuando estaban todos fuera, me cambié y a dentro. Allí, compartí pico con un corchero que procuraba no dejar ninguna ola, pero como las series venían de 2 o 3 olas, no tuve problema para pasar un buen rato e ir apurando la ola poco a poco hasta ver las rocas muy cerca. Me recordaba mucho a lo que algunos de los secanos llaman "merenderos point" en un lugar perdido del Cantábrico. 

Un par de horas más tarde, y coincidiendo con la entrada de otros 3 corchemos, ví que no tenía mucho más que hacer allí y me salí. Eso sí, la salida dio con uno de mis pies en una roca dejándome un buen recuerdo en varios dedos. Eso me iba a mantener una semana parado... pero así planeaba mi siguiente mini trip: Punta de Lobos.

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