viernes, 16 de diciembre de 2016

Iquique, La Fuerteventura chilena

Habían pasado casi 4 meses desde la última vez que me metí al agua, y ya era el momento de desengrasar la maquinaria. Aprovechando el puente de diciembre, decidimos realizar la primera salida familiar en la que nos movilizábamos los 4... toda una experiencia que superamos con éxito.

El destino elegido era Iquique, al norte de Chile, a casi 2.000 km de Santiago, y a poco más de 300 km de distancia de Perú y menos de 200 Km de Bolivia, su paisaje lunar me recordó mucho a Fuerteventura. Los spots de la zona, todos ellos de roca, también eran muy parecidos a los de la mágica isla, incluso su clima.


El caso es que tras un par de días de visitas por varios lugares y ver cómo en la playa de Cavancha, la gente surfeaba en un lugar de difícil acceso y con olas bastante buenas, decidí que dado mi periodo de inactividad lo mejor era recurrir a alguien que me pudiera guiar a un sitio con olas fáciles y con menos gente y complicaciones.

A lo largo de la playa, había varias escuelas de surf, y tras hablar con varios de ellos, contacté con el dueño de Uma jaqi, quien me ofreció el servicio de surf trip para que conociera los spots de la zona y aprovechara para surfear en el que más me apeteciera. El día elegido no fue el mejor, puesto que saltó algo de viento y dejaba algunos spots onshore, y el mar había bajado un poco respecto a los 2 días anteriores. Aún así, prefería que las olas fueran pequeñas y fáciles, puesto que sabía que me iba a costar.




A las 10 de la mañana quedamos en su local, pero no nos pusimos en marcha hasta las 10:30, cuando nos fuimos hacía el sur, a las afueras de Iquique, pera ver los pote de Waikiki y Jeffreys... que por cierto, nada tenían que ver con los auténticos. El mar no tenía suficiente fuerza, y apenas salía medio metro de ola y sin recorrido, por lo que nos fuimos hacía el norte.
Cruzamos toda la ciudad, atravesando el bonito y largo paseo marítimo de Iquique, en el que me sorprendió gratamente un skate park gigantesco y la cantidad de opciones de recreo que hay en él tanto para niños como para adultos.

Saliendo de Iquique, nos dirigimos hacia Marineros, un spot de derechas que sale frente a unas rocas, muy cerca de una estatua dedicada a los marineros, que da nombre al spot y justo pasado el puerto de carga. En ese lugar comienza una carretera que sube la montaña que hay justo frente al spot, y que le da al lugar un aire muy peculiar.



Ahí las series más grandes entraban de metro, y no había más que 2 personas en el agua, por lo que a priori, el baño pintaba muy bien. Lo único que había que tener en cuenta eran un par de rocas que marcaban el sitio, y justo se cogía la ola frente a una de ellas. Poco a poco fui cogiendo confianza y acercándome más a la roca, y fui cogiendo las primeras olas. La opción de hacer un mal take off y acabar en las rocas sólo pasaba si la ola era pequeña, por lo que esperando a las series más grandes me aseguraba estar lejos del peligro. Bueno, ese peligro, porque vi una medusa justo antes de salir del agua de medio metro de diámetro que me dejó helado.

Tras un primer intento en el que me vi muy oxidado, los siguientes fueron mejor y pude coger unas cuantas olas que me dejaron contento. Volver a surfear, tener un baño tranquilo, con sol, agua no muy fría y poder recuperar sensaciones fue lo mejor.

Lo peor se produjo al salir, cuando tuve la mala suerte pisar un erizo y llevarme de recuerdo 5 o 6 púas en el pie... se me habían olvidado los pequeños contratiempos del surf... aun así, el baño mereció la pena. Probablemente, si ese baño hubiera sido tras una semana buena en Portugal, habría sido un mal baño, pero dadas las circunstancias, ojalá tuviera un baño así todos los días... eso sí, el próximo será en casa, con los secanos, y ese seguro que es bueno.