domingo, 8 de enero de 2017

Costa Vasca, paraíso invernal

Las mañanas de invierno y olas por la costa vasca es probablemente una de las cosas que más añoro desde que me fui a Chile. Y durante las 2 semanas que iba a estar en casa quería volver a recuperar esas sensaciones, a salir de casa con temperaturas cerca de los 0 grados y surfear sin apenas gente en el agua. Para algunos puede ser masoquista; para los que lo hemos vivido, un placer que hay que repetir.

Así que con ese espíritu quedamos a las 7 de la mañana Axier y yo, y pusimos rumbo a la costa vasca. Allí quedamos con David y Victor, vimos cómo estaba el mar y las mareas, y decidimos que no eran las mejores condiciones para surfear. El mar estaba fuerte, y en sitios como Zarautz estaba pasado, así que había que buscar otras opciones. Tras pasar por Zarautz y Getaria, acabamos cerca de Zumaia, en Orrua, donde la derecha rompía de forma espectacular, con tamaño, fuerza y recorrido. Eran ya las 10 de la mañana, y el sol colaboraba para que el baño fuera muy bueno.
David y Victor se animaron a meterse al agua, mientras que Axier y yo nos quedamos fuera. Yo no estaba con confianza para meterme en una ola así sin haber tenido un par de baños buenos antes, y ni Axier ni yo teníamos las tablas adecuadas para esa ola, es más, yo tenía la tabla pero no tenía las quillas... uno siempre tiene que ser consciente de sus limitaciones, y meterme al agua una vez en tres meses no era el mejor entrenamiento para un día así...
Desde fuera pudimos ver cómo David le sacaba chispas a la ola y disfrutó de varias de ellas, mientras Víctor se fue haciendo poco a poco a la ola hasta que al final se salió con la suya... eso sí, las rocas que emergen justo delante del pico, no creo que dejen tranquilo a nadie.

















A los pocos días, repetimos la jugada, pero esta vez Axier y yo solos, y teniendo un baño en Zarautz. Aunque la marea no era la mejor, el baño mereció la pena solo por recuperar sensaciones y remada. Todo baño suma, y aunque ese día no salimos exultantes del agua, serviría para sentar la base de lo que fue un baño grandioso.

El 2 de enero, y como preludio de lo que tiene que ser un gran año, Axier pasó a buscarme por casa. Esta vez no tan pronto como otras veces, a las 9, pero sabiendo que para cuando llegáramos a nuestro destino, la marea empezaría a estar en su punto bueno y tendríamos un buen baño. Víctor nos avisó que el día anterior estuvo muy bien, y cual era la mejor hora para meternos. Así que allí quedamos con Victor y Dani, un amigo suyo.











Desde arriba las olas rompían perfectas, y las series se marcaban con muchísima claridad. No nos lo pensamos mucho, y no tardamos en bajar el acantilado. En el agua estábamos 5 personas, nosotros 4 y un alemán que no sé cómo había llegado allí. Eso sí, a la media hora de estar en el agua con nosotros, se fue. Las series tardaban bastante en llegar, ya que ese día había periodo 14, pero una vez que llegaban, había para todos. 
Las series normales llegaban al metro, y alguna que otra lo pasaba, haciendo nuestras delicias. Victor con su long no tenía problemas en coger olas, y aprovechando que llevaba la cámara en el casco nos hizo unas cuantas fotos. 
A mí me costó al principio coger las olas, pero tras un comienzo en el que me vi muy oxidado, empecé a tener confianza y el resto de la mañana fue un no parar de disfrutar, coger olas e intentar maniobras. Axier y Dani, fueron poco pa poco, y al final se terminaron por coger unas cuantas buenas olas, dejando a todos más que satisfechos.
La verdad que el tiempo se nos pasó demasiado rápido, y las fuerzas, aunque iban disminuyendo, aguantaron perfectamente las más de 2 horas y media que estuvimos en el agua. Cuando se está a gusto, con los amigos, con buen tiempo y buenas olas, uno no necesita nada más. 

Somos unos privilegiados por poder disfrutar de este entorno, lleno de posibilidades, con muy buenas olas y un clima que aunque a muchos les parece duro, uno lo acaba echando de menos. 

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